20 de agosto de 2010

Son las 0:38 y creo que no tengo fiebre. No estoy segura del todo porque ya le he devuelto el termómetro a los vecinos de enfrente y porque he regresado de casa de mi prima me mima. Anoche lo pasé fatal, entre calentura y friolera, llegué a un punto de desesperación en el que abrí los ojos y estaba la tele puesta con "el juego de tu vida". Y lo peor no era que tuviera la tele encendida, ni que estuviera delirando por mi estado febril, sino que, ese jodido programa que desconocía (porque nunca enciendo la tele) estaba haciendo a un cincuentón declarar como le ponía los tochos a su mujer y se los seguiría poniendo. Está claro que en esta vida hay cosas peores y no tan peores. En estas últimas, destaco a día de hoy, el deseo irrevocable de decirle a mi madre cuando me llama la quinta vez en un día aburrido que tiene: "A ver, pregúntame si estoy ocupada y si puedo hablar o por lo menos si te digo _mami, es que estoy haciendo cositas, hablamos mañana_ no te enfades". Y esto realmente es una bobería, pero como a todos los universitarios que fuera de sus hogares se hallan es algo que nos toca los mejilloncillos. Sin lugar a dudas, hay cosas mucho peores como el tabaco. Espero dejarlo.

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